Mientras que la pequeña se convertía en mujer, llegaron numerosas personas a su vida, sus intereses y pensamientos se transformaron chocando con los de su madre. Recurrentes y fuertes discusiones, no existía otra explicación para que la joven de 15 años se escapara constantemente por la terraza del apartamento dónde vivía.
Le encantaba, se sentía libre. La adrenalina se convirtió lentamente en su aleph.
Llegaron a conocerla en diversas zonas de la ciudad, unas más bonitas que otras. Decían que era una rebelde, una loca. Algunos la admiraban, otros la desaprobaban, pero a la joven nunca le importó lo que decían de ella, su tan anhelada libertad era su única ilusión y razón de ser.
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